En la cuarta temporada, Dwight lucha por legitimar su imperio y proteger a su equipo mientras políticos corruptos, nuevos enemigos peligrosos y una pérdida personal devastadora le atacan desde todos los frentes. Sin embargo, cada logro conseguido con esfuerzo viene acompañado de verdades aún más duras: sobre la lealtad, el liderazgo y el precio de la ambición. Cada paso que da sumerge a Dwight cada vez más en los instintos callejeros que dejó atrás en Nueva York, convirtiendo a Tulsa en un campo de batalla y a Dwight en la única amenaza que nadie puede permitirse subestimar.









